



TEOTIHUACAN

Por desgracia, poco se sabe acerca de los fundadores de Teotihuacan, la mayoría de los expertos consideran su camino inició en el milenio anterior al nacimiento de Cristo, pero fue hasta el llamado Clásico (1 a 700) cuando alcanzó su mayor esplendor.
Sus primeros habitantes se asentaron en la llamada Cuenca del río San Juan, muy cerca a las orillas del Lago de Texcoco, tal vez por eso algunos historiadores como Laurette Sejourne sostienen se trataba de la mítica Tollan, “ciudad de los tules”, convertida con los siglos en la primera gran metrópoli y capital, origen además de los pueblos toltecas y nahuas.
Se cree que Teotihuacan alcanzó su esplendor mediante un elevado proceso religioso y comercial, después expandieron su cultura por todas las regiones de la antigua América, porque su influencia aparece en ciudades muy lejanas como Monte Albán, Kaminaljuyu y hasta Tiawanaku en Bolivia.
Estudiando los métodos de gobierno en esta enorme ciudad, muchos les atribuyen su unidad al control teocrático, constituido por un consejo de chamanes sabios, quienes dictaban los designios de su pueblo. A la vez, se nota el orgullo de estos por pertenecer a la gran ciudad, lo que se manifiesta en sus magnificas expresiones que parecen decirnos “fuimos los mejores”.
En sus momentos relevantes Teotihuacan estaba constituida por barrios llamados calpullis, unidos por lazos de sangre familiares de personas emigradas desde distintas regiones como zapotecas, mayas, chichimecas, por mencionar algunos. Según se piensa, todos cooperaban al embellecimiento de la ciudad y promovían concursos para pintarla, crear sus símbolos y darle la magnificencia que sin duda impresionaba, como hasta hoy, a sus visitantes.
La ciudad fue trazada de manera muy meticulosa, procurando establecer profundos vínculos con el entorno, para ello aprovecharon los conductos al inframundo mediante una serie de cuevas y pasadizos que culminaron en la construcción de sus enormes basamentos piramidales.
Los nombres de Pirámides del Sol y la Luna fueron dados por los meshicas, cuando convirtieron la antigua ciudad en un santuario del cual sus gobernantes debían ser herederos, por eso le llamaron Teotihuacan, “lugar donde los hombres se convierten en dioses”, pero en realidad no se sabe cómo le decían sus habitantes originales.

La gran pirámide del Sol se eleva 64 metros del suelo, en tanto la de la Luna 45, sin embargo, debido a que ésta fue construida en un terreno más elevado, las dos se encuentran al mismo nivel de altura. En las concepciones chamanicas, es posible que todo el trazo tuviera una razón de ser en conjunto, que procuraba unir la tierra, el inframundo y el cielo con la energía del Universo.
Algunos estudiosos del chamanismo teotihuacano sugieren que trataban de captar la energía electromagnética y todavía en nuestros días se percibe como recorre la ciudad, a pesar de haberse perdido buena parte de sus estructuras. Para ello, estaba disenada con pisos de mica, un alto conductor del electromagnetismo y orientada hacia el eje magnético de la Tierra, similar a un gran cable que recorría la ciudad de norte a sur.
La Pirámide de la Luna se cobija con Cerro Gordo y se orienta el eje magnético terrestre, tomando como referencia el paso de la constelación de la Osa Mayor, llamada por entonces el Jaguar Tezcatlipoca, guardián de la noche, de los ciclos del tiempo y sus manchas representan las estrellas.

Pocas alineaciones se han encontrado respecto a la Luna, salvo cuando se encuentra en su región más al norte durante el invierno. No así su relación con las estrellas, ya que además del Jaguar que la rodea durante las noches, desde la pirámide parte la gran calzada hacia el cerro Patlachique al sur y la brillante estrella Canopo, en la actualidad estas alineaciones se logran durante la primavera.
La calzada llamada de los Muertos, se nombró así porque los primeros exploradores pensaron estaba delineada por tumbas, tal vez debido a los entierros posteriores de toltecas y meshicas, quienes la convirtieron en un cementerio sagrado.
La calzada tomaba las aguas del río San Juan convirtiéndolas en un enorme espejo de agua para reflejar las estrellas, tal como lo demuestran las esclusas para regular estos lagos artificiales y muchos otros espejos, que los teotihuacanos construyeron de todos tamanos, con la finalidad de observar el paso nocturno de los astros.

Quienes sustentan la tesis electromagnética, sugieren la calzada constituía el cable por donde la energía negativa del cielo recorría la ciudad hasta descargar en el cuadrángulo del sur nombrado La Ciudadela, pero en realidad destinado a la energía del sur representada por Tlahuizcalpantecuhtli, “señor de la casa del Sur”, como advocación matutina de Venus.
Al centro de calzada se alzaba la pirámide mayor, para algunos el foco, donde se concentran las tres energías. Fue construida encima de una serie de cuevas que rematan en forma de un trébol al centro del basamento, tal vez de ahí provenga el nombre de Chicomostoc, “las 7 cuevas”, según proponía el maestro Pina Chan, quien sugería además este era el origen de las leyendas de Temoanchan.
A la vez la pirámide se orienta al paso de las estrellas y del sol, Hugh Harleston realizó toda una serie de mediciones, comprobando como el basamento se encuentra muy ligado con el camino del sol en diferentes momentos. Pudimos también verificar que durante el equinoccio de primavera, desde el centro de la plaza del sol, este parece subir por las alfardas del norte hasta coronar la pirámide
a las 9.00 a.m., de manera similar a las antiguas monedas de veinte centavos.
Durante ese amanecer el sol se alinea al este encima de un montículo aplanado a propósito en forma de silla. Al paso cenital (15 de mayo y 25 de julio), la fachada de las escalinatas se ilumina al atardecer y al mediodía el astro rey se colocaba al centro del templo (Kú o Calli) ya desaparecido. También el movimiento del sol permite dividir la pirámide en dos triángulos de luz y sombra señalando sus máximos en el horizonte como sucede en el Castillo de Chichén Itzá.

Hoy solo vemos la calavera de la construcción, pero en sus buenos tiempos todo estaba adornado por murales de colores radiantes, de los que sobresalía el rojo, no había espacio sin decorar y se organizaban grandes concursos para que los calpullis remozaran los espacios con búhos, jaguares, serpientes, sacerdotes, ceremonias y otros tópicos que fomentaban su unidad religiosa. Imaginen lo que el visitante sentía al participar en esos multitudinarios ceremoniales, cubiertos de copal y sofisticados rituales, para ellos construyeron hoteles donde los peregrinos se alojaban durante las grandes fiestas.
Los estudios de Anthony Aveni demostraron que tanto la pirámide como el río San Juan se alineaban al nacimiento de las Pléyades, un grupo de estrellas que jugaron un papel trascendental en las ceremonias y la cosmogonía de nuestros abuelos. Cada región les puso nombre: Tzab el cascabel, le llamaban los mayas, Tianquiztli y Xonecuilli los meshicas, su posición respecto al sol las hacia relevantes, en especial durante el paso del astro rey por el centro del cielo, llamado cenital.
Según demostró Aveni, las Pléyades emergían en el horizonte cuando el sol levantaba para colocarse en el cenit y esto sucede en la actualidad entre los días 18 a 19 de mayo. Por eso les sirvieron muy bien para trazar sus calendarios, ya que durante 260 días no habría cenitales del sol en los dominios teotihuacanos y en los otros 105 se daba durante 52 días hacia el norte, el solsticio de verano y luego 52 días de regreso al sur.

VISTA DE LA CIUDADELA
El otro extremo del trazo estelar lo marcaba la Ciudadela, donde encontraron el famoso Templo de Quetzalcoatl escondido en las entranas de una construcción sin adornos. En la Ciudadela pueden contarse estos movimientos estelares que forman los anos, ya que los montículos a su alrededor forman la contabilidad que se mueve a través de 52 anos, cuando el sol se coloca de nuevo en la misma posición respecto a las Pléyades y 104 anos como un ciclo completo del sol con Venus.
Tenemos ya un modelo estelar completo, regido al norte por Tezcatlipoca, al centro por las Pléyades y al sur por Venus en sus advocaciones de Tlahuizcalpantecuhtli matutino y Quetzalcoatl vespertino. Se dice que este se introducía a las cuevas para restaurar los huesos de los hombres, antes de surgir victorioso al amanecer, además en este lugar descargaba toda su energía después de recorrer la calzada desde su descenso del eje magnético terrestre, “el espíritu de Eon”.

Toda esta concepción mágica y energética fue exportada por los teotihuacanos, creándose centros ceremoniales de culto en cada región, el concepto lo hallaremos en muchas ciudades mayas y al parecer fue heredado desde tiempos inmemoriales, pues los olmecas ya lo utilizaban, pero los teotihuacanos lo instituyeron como religión única.
Mil años después a su fundación inició la decadencia de la gran ciudad, los expertos han analizado diversas causas para el ocaso, se habla por ejemplo de la destrucción del medio debido a la sobreexplotación de los bosques y el agua, porque en su momento culminante más de un millón de gentes dependían de la que quizás fue la primera megalópolis del mundo.
Los comerciantes, pochtecas, llevaban y traían sus mercancías de todos lados, hay residuos de jaulas para quetzales en Casas Grandes Chihuahua, por ejemplo, también comerciaban la mica magnética, la preciada obsidiana de Tezcatlipoca, cacao, tabaco, coca, copal y otras preciadas plantas consideradas sagradas, pero sobre todo un mismo modelo de religión y cultura.
Algunos estudiosos como Joyce Marcus piensan que este fue el principio del fin, porque los pochtecas para protegerse en sus largos viajes contrataban guardias, estos se llamaban holkanes y fueron formando sus propias cofradías de protección, como los guaruras actuales que después se salieron de control.
La religión teotihucana se basaba en los dos iconos principales, jaguar y serpiente, los cuales unidos dieron forma a un largo período de estabilidad y fueron instalados en otras ciudades permitiéndoles florecer en paz, según se ha demostrado el ritual de Quetzalcoatl fue básico ya que les ensenaba a no cometer crímenes, ser prudentes y era muy similar al budismo oriental.
No obstante, los holkanes prefirieron a Tezcatlipoca como guía y poco a poco fueron apoderándose del escenario político, se dice que Inhuatima, un hokán chichimeca se confabuló para dar golpe de Estado, iniciando la persecución de los seguidores de Quetzalcoatl, esta fragmentación repercutió en todas las regiones desatando un terrible período de guerras y asesinatos.
Los teotihuacanos se rebelaron, saquearon palacios y templos, quemando algunos, después la ciudad ya muy insegura fue abandonada iniciando una época de migraciones y disputas. Para el siglo VIII d.c. nada era ya seguro, las grandes ciudades fueron abandonadas y termino un largo período de paz y tranquilidad con el abandono de Monte Albán, Tikal, Calakmul, Palenque, Yaxchilan y todas las hermosas ciudades del clásico, las nuevas épocas estarían marcadas por los guerreros.
Los toltecas, tal vez familias de emigrantes fundaron una nueva Tollan a la que llamaron Xicotitlan, donde su gobernante Ce Acatl revivió el culto a Quetzalcoatl. Después se extendieron hacia el sur llevándolo como Kukulkán, pero esto no mejoró la inestabilidad. Parte de sus vasallos se fueron de nuevo hacia el lago de Texcoco y fundaron Tenochtitlan, la última hija de aquella ciudad sagrada, ellos esperaban atentos el prometido regreso de Quetzalcoatl, el resto es historia conocida.
