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 Atlachinolli, agua quemada, quizá en honor al lago cuando amanecía

 MEXICO DE MIS AMORES

MARTE TREJO

LA GRAN TENOCHTITLAN

1 - EL DESCUBRIMIENTO

 Quiero iniciar esta serie de artículos acerca de México contándoles algo de las viejas historias, esas que sus abuelos entregaron a los abuelos de nuestros abuelos, acerca de este lugar ahora tan repleto de gente, pero que inició solo como un paramo sobre una pequeña isla de un gran lago.

Aprovechando los pasos del sol por el cenit de la antigua Tenochtitlan, algo que nuestros antepasados celebraban con sumo rigor cada año, vamos a remontarnos a esa época cuando  era solo un islote lleno de serpientes.  Por esos tiempos míticos, un puñado de peregrinos vagaba en busca de su destino, ellos provenían de muy lejos, desde un lugar al que llamaban Aztlan, un sitio ya perdido en la memoria y por eso muchos lo han tratado de hallar en diferentes rincones de nuestro mundo actual.

Los hay quienes dicen se trataba en realidad del continente destruido de Atlántida, mi buen amigo Francisco Lerdo (qpd) nos contaba que de la catástrofe sobrevivieron algunos de sus sabios para fundar los nuevos pueblos. Por eso le llamaban a la estela que se encuentra al fondo de las catacumbas de la Catedral Metropolitana, “La Piedra de la Atlántida”, donde muchos aseguran y yo pude comprobarlo, se puede conseguir todavía el secreto de la levitación dejada por los desaparecidos atlantes.

Otros menos osados ubican la isla Aztlan como la tierra de las garzas, tal vez por Sinaloa o en Nayarit, incluso citan la famosa isla Mezcaltitan, declarada cuna de la mexicanidad en 1991, por ser un diminuto modelo a escala de lo que fuera la Gran Tenochtitlan.    

Las leyendas de la peregrinación cuentan que fue Huitzilopochtli, el señor colibrí del sur, quien los guió hacia su nuevo destino, iniciando una larga peregrinación que culminaría en otra pequeña isla enmontada de aquel hermoso lago de Texcoco.

Después de múltiples aventuras, su jefe Tenoch (el nopal en piedra), los llevó hasta el lugar donde se erigiría nuestra gran ciudad,  ese sitio lo encontraron entonces lleno de arbustos, espinos, nopaleras y culebras, pero allí el jefe Tenoch tenía la misión de encontrar su destino.

Al inicio de su larga peregrinación desde Aztlan, su guía Huitzilopochtli les había indicado que no serían ya más aztecas, pues desde ese día llevarían el nombre de meshicas y debían por tanto encontrar en el ombligo de estas tierras, el lugar que convertirían en su morada definitiva.      

Fue entonces cuando el sacerdote Cuauhtequetzi dijo a Tenoch, según consta en los Anales de Cuauhtitlan:

“Si por largo tiempo en Chapultepec hemos estado, tú iras a ver allá entre los tunales, entre los cañaverales, donde fuiste a sembrar el corazón del hechicero Copil.

Y tú irás allá Tenochtli, irás a ver cómo ha germinado el tunal. El del corazón de Copil, allí encima de él, se ha erguido un águila, está destrozando, desgarrando una serpiente, la devora.

El tunal eres tú Tenochtli y el águila que verás seré yo, y en tanto dure el mundo no acabará la gloria de México Tenochtitlan”.

Y así fue como en aquel nopal agreste, crecido desde una piedra del lago, se encontró con un águila orgullosa, llevaba sus alas desplegadas y una gran serpiente en la boca. Sería ese el año ome tecpatl (uno pedernal), correspondiente al 1524 cristiano y esta visión asentó a los abuelos de nuestros abuelos en las  tierras de Tenoch, llamándole a su ciudad la gran Tenochtitlan para la gloria eterna del México de mis amores.

Hoy todavía los que saben, los sabios de nuestra tierra discuten también el origen de su nombre, Mexico le llamaron en castellano, Meshico se dice pronunciado en náhuatl que significa “el hablar bien”. 

De acuerdo a las toponimias de este hermoso lenguaje aglutinado, Me proviene de Meztli, la luna, shi es el ombligo y co lugar, es decir lugar en el ombligo de luna, tal vez en referencia a la enorme luna llena que sin duda se reflejaba en el gran lago en forma de conejo, donde se ubicaba la antigua isla semejando su ombligo.

Pero en el nombre asimismo podríamos hallar residuos de un saber cosmogónico perdido, producto de su estudio constante del cielo y sus designios realizados por los antiguos astrónomos llamados tonalpohuques.

Para ellos el águila representaba al sol reluciente, en tanto la serpiente turquesa les mostraba al cielo cuajado de estrellas, a la gran jícara celeste. ¿Y cual es el único momento cósmico cuando sol y las estrellas se ven al mismo tiempo?, sucede durante un eclipse, en ese momento el sol, en efecto, se encuentra en el ombligo de luna, directamente en el nodo de alineación con nuestra Tierra.

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La leyenda nos dice que Huitziplopchtli, hijo de la Tierra, derribó a la luna y a las 400 estrellas que se habían apoderado del cielo, lo hizo con sus serpientes de fuego en el juego de pelota, logrando con esa acción que naciera el Quinto Sol. 

El sol se encontraba entonces en el ombligo de la luna, dando lugar al nacimiento de las estrellas, que son los 400 huitzinahuas.  El colibrí zurdo, significa el primer rayito del sol, como hijo de Coatlicue, emergió en el Jugeo de Pelota, el cielo, con sus serpientes de fuego, xiuhcoatl, que hoy llamamos anillo de diamantes y  derribó a la luna con todo y las estrellas, haciendo que naciera un nuevo sol. 

Pero ¿será esto verdad, hubo en realidad algún eclipse?, si, y sucedió el 14 de abril del año 1525 a las 11 a.m., duró 4 minutos y medio,  posándose exactamente encima de la futura Tenochtitlan, lo que tal vez corroboró el destino de los peregrinos y ya no les dejó duda alguna para fundar la gloria eterna de Meshico Tenochtitlan.

Así pasaron los años, el primer gobernante fue Acamapichtli, le siguieron Huitzilihuitl  y Chmalpopoca todavía como tributarios de los tepanecas, hasta lograr su independencia con Itzcoatl.  

Tenochtiltlan fue tomando su forma de ciudad con cuatro grandes calzadas, estas unían al centro ceremonial con sus barrios, una se prolongaba hacia Tlalpan, (el lugar de tierra firme), por donde hoy circulan a diario millares de vehículos humeantes.

 

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Tenochtitlan de Luis Covarrubias

La otra se dirigía hacia Tacuba, camino por el que Hernán Cortés huyó para llorar su derrota. La tercera unía a Tenochtitlan con su hermana menor Tlaltelulco, (lugar del montón de tierra). Y la última se dirigía al dique protector de las inundaciones, hacia las tierras de Texcoco, donde profesaba el gran poeta Netzahualcoyotl.

Al centro de todo, en el ombligo de la isla, se alzaba el Huey Teocalli, la gran casa de las esencias, las cuales dividían a la tierra en dos. Una casa era roja y la presidía el señor del sur Huitzilopochtli, la otra casa azul,  fue dedicada al sudor de la tierra Tlaloc, que nos proporciona el agua para vivir.

Frente a las dos casas, construidas encima de un enorme basamento en forma piramidal,  se alzaba otra circular, estaba dedicada a Ehecatl, el viento, una de las advocaciones de Quetzalcoatl el gemelo divino, para que vigilara la salida del sol desde el gran Teocalli,  y según cuentan las historias remanentes, el brillante astro debía alzarse en medio de las dos, para señalar el inicio de la primavera.

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La Gran Tenochtitlan de Diego Rivera    

El lago les proporcionaba una buena parte de los alimentos, para ello construyeron las chinampas, islas diminutas donde sembraban y cosechaban los productos que luego intercambiarían en los mercados de la ciudad, llamados hoy tianguis, palabra proveniente de tianquiztli, por los montoncitos de los diversos cargamentos que se ofrecían e intercambiaban, siendo el cacao el más valioso con el cual se fijaban los preciso. 

Ofrecían guajolotes, aguacates, tortillas, cerdo de monte, chiles de todas las especies, hierbas medicinales, maíz en todas sus presentaciones como atole, pan, pozotl, el chocolatl de cacao, plumas y aves exóticas, xoloescuintles, maxtlis, telas finas, copillis y un sinfín de cosas que todavía hoy perduran en los mercados de nuestra ciudad.

A veces, el lago se portaba mal, propiciando enormes inundaciones, por eso debieron ponerse de acuerdo con el señor de Texcoco, Netzahualcoyotl, para construir dos enormes diques al oriente de la ciudad, el primero se extendía con 16 km de longitud y 7 de ancho, corría desde Iztapalapa hasta Atzacoalco, el segundo fue construido por Ahuizotl en 1499.

En esa región del oriente se manifestaba lo más profundo del lago que después dejaba su cieno, donde de nuevo se produciría el ciclo de la reproducción, de ahí proviene el nombre Atlacahualo como lo que dejan las aguas del lago, como su primer mes del año. 

A través de las calzadas también se llegaba a los barrios, los calpullis donde habitaba una gran parte de los meshicas, muchos de ellos unidos por lazos de sangre, provenientes de otras regiones para establecerse en Tenochtitlan, allí establecieron sus casas, templos de oración, escuelas, consejos de ancianos y también sus centros de diversión, la costumbre provenía desde los lejanos días de Teotihuacan, quizás la primera gran capital del Anahuac.

Cada barrio celebraba sus fiestas durante los meses del año, lo cual hacía muy alegre la ciudad, porque nunca se detenían, salvo los cinco días llamados nemontemi, los que sobran, cuando todos se dedicaban al recogimiento y la oración, porque era de mala suerte faltarle el respeto a estos días de guardar.

Para celebrar sus fiestas gozaban de un calendario de 360 días, divididos en 19 meses de 20 llamado xihuitl, pero además contaban los 260 del tonalphualli o cuenta de los días que les servía para leer el destino de cada uno desde su nacimiento.     

Cada 52 años se juntaba un Xiuhmulpilli, es decir un atado de años, entonces la fiestas tomaban una enorme importancia, se daban cuando cerraba toda la rueda iniciada en 1 pedernal y que debía terminar en 13 carrizo, por eso se decía que el nuevo solo se anunciaba en un año de estos, cuando un nuevo ciclo debía comenzar.

El último xiuhmulpilli fue realizado en el templo dedicado a Huitzilopochtli, en el año 13 carrizo correspondiente a 1504, se inició entonces un nuevo ciclo y los pronósticos del cielo no eran los mejores, muchas de las profecías señalaban además que se acercaba el final de su era porque los signos celestes así lo anunciaban.

 

 

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Alejandra y amigas en el Arco de acceso a Ek Balam

CIUDADES PERDIDAS

EK BALAM

Su nombre significa estrella del  jaguar y también jaguar de la noche, algunas historias la ligan con el Popol Vuh, libro quiché de la creación, en el capitulo donde se refiere a la migración del pueblo maya.

Según esta historia, todos vivían en una gran ciudad llamada Tulan Zuiva, tal vez Teotihuacan, donde se unieron gentes de todas las regiones, tantas que cada uno de estos calpullis tenían sus propias costumbres e incluso su propio idioma, esto dio como consecuencia que ya no se entendieran, entraran en confrontación y terminaran abandonando la gran metropolí.

Tal vez la caída de Teotihuacan fue muy similar a esta leyenda del Popol Vuh, ya que a partir de esta muchas ciudades desaparecieron, surgiendo un largo período de migraciones y la fundación de nuevos pueblos.

Entre ellos se narran las peripecias de 4 hermanos con sus familias, ellos se llamaban Balam Quitze, Balam Akab,  Mahukuta e Iki Balam. En un principio todos llevaban en bulto a sus dios Tohil, equivalente a Quetzalcoatl, pero el único que renunció a él fue Iki Balam, de quien se dice se fue más al norte para fundar la ciudad de Ek Balam.

Para acceder a este lugar cercano a la ciudad de Valladolid, debemos tomar el camino a Tizimín y poco después desviarnos. Allí nos encontraremos con los restos de una muralla donde nos espera un Arco de estilo maya, En esta ocasión se forma por cuatro paredes con cuatro lados semejando un cubo, con las escalinatas que mercaba el final del sacbé, (camino blanco), hacia la hermosa ciudad.

Un poco más adelante contemplaremos la Gran Plaza trazada hacia los cuatro rumbos, donde sobresale la gran Acrópolis que cierra el norte de la plaza. Se trata de un edificio piramidal con una magnifica escalinata,  estelas y un mascarón muy especial al cual dieron por nombre La Biblioteca Blanca.

La Biblioteca Blanca fue encontrada tapiada por la pirámide conservándose en excelentes condiciones, se trata de un conjunto que muestra la gran boca de un mascarón de serpiente, a la que los arqeologos le dicen “monstruo de la Tierra”. En este caso parece vigilar una casita de estilo maya y lleva además  unos personajesen el dintel de la puerta y la cornisa.

 

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Seres que semejan ángeles, llamados guerreros alados.

Los de la puerta semejan en mucho a los enanos mayas llamados aluxes, pero los de la cornisa parecen ángeles, cada uno de ellos se encuentra desplegando sus alas, con las manos extendidas como cuidando el conjunto que se trataba en realidad de un entierro, se les dice “guerreros con alas”.

Según las investigaciones  arqueológicas se trata de una tumba erigida para Uk Kan Lek Tok, a quien identifican como uno de los personajes en el dintel de las fauces del mascarón, este es muy similar a las de Campeche y la Iglesia del Chichén Itzá viejo, correspondiendo por su estilo al llamado Clásico Maya.

 

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Personaje en el dintel de la puerta

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Conjunto de la Biblioteca Blanca, al fondo el mascarón de fauces y colmillos, adelante la casita maya.

Otras construcciones que pueden verse de esta antigua ciudad son el Juego de Pelota, un edificio de estilo ovalado Puuc, como en Uxmal y Kabah, llamado El Palacio Oval, otros edificios que guardan la Plaza y las llamadas Pirámide Gemelas.

En total los arqueólogos consideran el sitio medía unos 12 kilómetros cuadrados, de los cuales uno estaba dedicado a sus gobernantes, donde se alzan un total de 45 edificios.

Desde la cúspide de la Acrópolis puede contemplarse todo el entorno hasta el horizonte, dada la extensa planicie que sólo se interrumpe por los restos de la antigua ciudad, en una vista inolvidable que permite quedarse allí por un buen rato meditando y contemplando, escuchando el viento y el canto de los pájaros.

  

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Vista desde la Acroplis de Ek Balam

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Las dos torres del Edificío del Sur y la Plaza.

 

BECAN

Becán,  “ el camino de las serpientes ”, se llama así en referencia a un antiguo foso serpentino de agua que rodeaba el poblado y que semeja este animal.

Se  trata de un lugar muy poderoso, con pocos visitantes y tal vez utilizado como un sitio iniciático para los magos del Clásico Maya.   El centro ceremonial tenía acceso por siete puentes, en la actualidad la entrada es  por el puente sur, por los restos de un edificio con dos torres apuntando hacia el Sur.

 

Construido lleno de cuartos, quizás allí se hospedaban los iniciados o los criados, depende del enfoque del experto. La construcción accede a la plaza, que tiene además un basamento piramidal al Norte, coronado por un con ventanas que señalan hacia los 4 rumbos del cielo, con restos de más cuartos en su parte posterior. 

Al descender  por los restos de estas antiguas construcciones,   aparece los una especie de pasadizo con magníficos techos al estilo del arco falso maya, antes de desembocar a otra plaza aún mayor que la primera en el centro del islote.  

Entre la vegetación, emergen los restos de cuatro grandes templos, sobresaliendo de ellos, una hermosa construcción, Edifcio 8, con la parte superior de las pilares redondos que adornan el pórtico de acceso al Kú.

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EDIFICIO 8, visto desde el Edificio piramidal 9  

 La pirámide es ovalada  define un aire similar a las construcciones del llamado Puuc como Kabah y Uxmal. Al interior de este edificio, construyó  un extenso y oscuro laberinto hacía  Xibalbá,  utilizado tal vez en  antiguos ritos inicíaticos.     

 Además de bella, Becán resulta estremecedora, por todos lados se percibe un ambiente oscuro, de acechanza, muy similar a Toniná en Ocosingo. La misma distribución y el poder manifiesto en este lugar, sugiere fue habitada por otro tipo de personas,  tal vez los poderosos magos y sus novicios.

 En cierta ocasión, llegamos en la fecha cuando el sol atraviesa por el centro del cielo en la latitud del lugar para establecer las medidas astronómicas de Becán.  Al acercarse la media noche, observamos como las dos torres del Sur de la plaza, que según los investigadores no sirven para nada y representan sólo la decadencia maya, enmarcaban el corazón de la Vía Láctea en la región del Sagitario.

 La plaza bien pudo ser realizada para señalar el día del paso cenital del sol, cuando iniciaba el año Haab, en el primer día del mes  Pop, el trono de petate para el gobernante, como le nombraban a Kinich Ahau – el sol. 

 

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Por eso, el glifo Pop del Haab,  muestra al astro rey, como una cruz con un círculo en el centro, señalando el cenit, además de un petate, estandarte de la Vía Láctea.  Es decir: el mismo día cuando el sol se coloca en el centro del cielo, la Vía Láctea, lo atraviesa durante la noche  

Quizás por eso, esta antiguo centro goza la fama de poseer el poderoso viento de los cuyos, por eso una serie de mitos que circundan en el basamento piramidal más alto, le llaman Edificio 9 y se encuentra al norte de la Plaza Mayor. Por las noches surge en su cúspide una especie de fuego mortecino, esto ha generado todo tipo de comentarios, para algunos se debe a un tesoro enterrado, otros lo consideran magia.

 Varios investigadores lo han recibido ese poder,  como el maestro Román Piña Chán y Ricardo Bueno, arqueólogos de profesión.  El primero se cayó en la misteriosa pirámide de reminiscencias atlantes y quedó muy lastimado para siempre. En cuanto a Ricardo, él nos contó su propia experiencia en el laberinto, donde un viento lo atacó de una enfermedad incurable.

 No puedo cerrar este escrito sin contarles una  experiencia propia, sucedió con un grupo de compañeros de Ciudad del Carmen, quienes se preparaban para guías de turismo. Al anochecer todos vimos un guerrero de pie en el Kú del Edificio 9, me preguntaron quien era y les conteste sin saberlo, que se trataba de Iztamná y debíamos pedirle el rocío del cielo y en efecto, comenzó a bañarnos un tenue llovizna.

 Nos invita a quedarnos, les dije, pero ellos insistieron en irse, en el camino les atacó una terrible lluvia y cuando llegaron a Ciudad del Carmen estaba inundada, en tanto Becán mostraba una noche repleta de estrellas.

 

 

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